Él es uno de esos príncipes que lo es sin saberlo. No cree en los finales felices porque los inventa a medida que suceden. Sus besos, lejos de despertarme, me conducen a un delicioso sueño. No corre sangre azul por sus venas, se necesita sangre de verdad para hacer latir un corazón como el suyo. Me sube alto, hasta la luna; y por las noches escala hasta el cielo, sólo para besarme.
No me rescata, no tiene reino, no teme convertirse en sapo. Hace todo del derecho, y eso funciona, porque yo lo hago del revés. Nos encontramos en el camino, en el punto medio. Me mira, creyendo que no le veo. Me abraza, creyendo que no le siento. Tiene miedo de tocarme y que me evapore, y yo sé que es él el que está a punto de desaparecer.
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