miércoles, 4 de septiembre de 2013

Otro café

Por favor. Este se me ha quedado frío. Frío de verte, de pensarte, de echarte de menos. 

Estaba entre periódicos y revistas, con un café en una esquina, repudiado por esa manía tan incomprensible que tienen los camereros de traerlo directamente del averno. Y entraste. Tan guapa, tan sonriente, tan encantada de haberte conocido. Y yo, tan bocabierto, tan incrédulo, tan idiota. 

El tiempo justo para pedir algo de cambio, para el coche. Ahora conduces. Y de golpe, los segundos, los minutos, las horas. Todas y cada una de tus sonrisas y todos y cada uno de tus reproches. Y tus bailes, tus saltos, tus manías.

Y de repente, la nada; porque ya no recuerdo las cosas que tanto me sacaban de quicio, las que me hacían odiarte, las que sacaban lo peor de mi. Y no recuerdo por qué extraño motivo ya no puedo verte al despertar, con tu pelo alborotado ocupando mi cama. Con esa maníta tan tuya de lanzarme un beso por la mañana mientras ibas a lavarte los dientes. Comerme a besos después. 

Y recuerdo cómo me encantaban tus bailes mientras preparabas el desayuno, como movías las caderas, a ritmo de una melodía muda que sólo tú escuchabas. Y tu ritual de baño, que hacía que llegase tarde cada maldita mañana a trabajar.

Regreso, arrastrado por la realidad, a una vieja cafetería. Una a la que jamás fuimos juntos, una que tú hubieses odiado, porque ponen cafés ardiendo. Pero tú ya no estás. 

"Otro café, por favor. Este se me ha quedado frío".

viernes, 24 de mayo de 2013

Deja que acabe contigo

Deja que acabe contigo. Dame una noche para hacerlo. Pon en guardia tus defensas, no te servirá de nada. Estoy lista, nací preparada. 

Deja que acabe contigo. Que te deje sin respiración. Prepara tu cara de tonto, va a hacerte falta. Ven con ese genio que me gusta. Con ese aire de quien lo sabe todo. Te sabes ganador, y eso es lo más excitante de todo.

Deja que acabe contigo. Voy a extenuarte. A condenarte. A hacerte merecedor de mis desvelos. Odiarás haberte creído ganador. Vas a darme la oportunidad de vencerme y después, vas a arrepentirte de ello.

Deja que acabe contigo. Marca el día en el calendario. Va a ser cuestión de un segundo. Y te va a costar toda una vida. Toda tu vida.

Deja que acabe contigo. Y no volverás a ser el mismo. Vas a ser mejor. Único. Absoluto. O al menos vas a sentirte así. Deja que yo te haga sentir así.

jueves, 2 de mayo de 2013

Un segundo más

Y un día me levanté y descubrí que jamás volvería a amar igual. Me miré al espejo, viendo los dibujos que el rimmel, en conjunción con mis lágrimas, habían hecho en mi cara. No, no volvería a amar igual, pero ¿quién en su sano juicio querría eso?

Me prohibí, desde ese momento, amar sin condiciones. Amar de una manera tan ciega que todo estuviese permitido. Me negué a justificar actos, a buscar respuestas a preguntas que sólo yo me hacía. 

Y resultó que el reloj siguió marcando sus horas. La gente siguió con sus prisas, con sus rutinas. Y yo descubrí que Margot, una vez más, tenía razón. Todo pasa, todo llega. Sólo necesitas aguantar un segundo más.


lunes, 1 de abril de 2013

Mentira

Decidimos esperar, aunque la puerta del tanatorio no era el lugar más deseado. Sin embargo, la lluvia torrencial que caía amenazaba con no dejarnos llegar sanos al coche.


-¿No te parece curioso como, cuando ocurre alguna desgracia, el tiempo se pone triste? -Me dijo, mirando cómo las gotas de lluvia formaban la cortina de agua que nos impedía el paso.


-Mentira -pensé-. Ocurren desgracias cada día. Incluso con un sol radiante luciendo, o un cielo lleno de estrellas. Lo que me parece curioso es como, el ser humano, tan frágil como es, necesita el apoyo del tiempo para creerse su tristeza. O su derecho a sentirla. Creemos que el cielo brilla y las canciones de amor describen nuestra fantástica historia, o que el cielo llora con nosotros cuando suenan canciones lacrimógenas en la radio. Mentira. Todo es mentira.



-Si -dije sin mirarle. Jamás le miraba cuando tenía que mentirle.



No, no es justo.









Pero jamás dije que fuese a ser justa.

martes, 5 de marzo de 2013

Él

Él es uno de esos príncipes que lo es sin saberlo. No cree en los finales felices porque los inventa a medida que suceden. Sus besos, lejos de despertarme, me conducen a un delicioso sueño. No corre sangre azul por sus venas, se necesita sangre de verdad para hacer latir un corazón como el suyo. Me sube alto, hasta la luna; y por las noches escala hasta el cielo, sólo para besarme. 


No me rescata, no tiene reino, no teme convertirse en sapo. Hace todo del derecho, y eso funciona, porque yo lo hago del revés. Nos encontramos en el camino, en el punto medio. Me mira, creyendo que no le veo. Me abraza, creyendo que no le siento. Tiene miedo de tocarme y que me evapore, y yo sé que es él el que está a punto de desaparecer.


martes, 19 de febrero de 2013

Te quiero inconscientemente

¿Habéis escuchado eso de que cuando encuentras al amor de tu vida el tiempo parece detenerse, y sólo existe esa persona?

Es cierto. El cerebro, incapaz de retener tanta información,  tiende a desechar la que no considera importante; que básicamente es todo lo que te rodea menos él o ella. Y sin darte cuenta, no es tu corazón el que ha elegido, o al menos no es el único; tu cerebro, de manera inconsciente, ha decidido.

Al final va a resultar que las tontas historias de princesas no van tan desencaminadas.

viernes, 15 de febrero de 2013

Lo siento

"Amar significa no tener que decir nunca lo siento".

Cuando lo escuché supe que le habían vendido una idea equivocada del amor. Maldita sociedad, maldita industria del cine, malditas novelas pseudo-románticas, malditos todos.

No. Amar significa aprender junto con otra persona. Y aprender implica, irremediablemente, equivocarse. Si para él amar significaba no tener que decir nunca lo siento, que se olvidase de mí. No podía soportar la idea de tener que ser perfecta para él (ni para nadie), y mucho menos de tener que ser tan maleducada como para no pedir disculpas por mis errores, por mucha confianza que hubiese entre los dos.

martes, 12 de febrero de 2013

Reproches.

Has sentido el dolor y la rabia, una bomba explosiva. Llevas días llorando y tienes la cabeza tan hinchada de pensar siempre en lo mismo que notas cómo circula tu sangre, bombeada desde el corazón, repartiendo el sufrimiento por cada centímetro de tu cuerpo. 

Maldita infección. Te ha cogido de lleno, no vas a salvarte. Sigue pensando, sigue meditando, sigue destrozándote la poca razón que te queda. Es lo único que te impide cometer locuras. Te cuesta respirar, lo sientes. Es un puñal clavado en el diafragma. Un puñetazo que te dejó noqueada. Una mordaza que no te permite hablar. No hay aire que puedas inhalar, porque viene cargado de reproches. Una pesadilla de la que no vas a despertar por más que te pellizques. 

Descansa. Cuando vives en una pesadilla, sólo puedes tener sueños mientras duermes.

Microcuento

Era un tipo corriente. Ni muy alto ni muy bajo, ni muy rubio ni muy moreno. Trabajaba en una heladería que sólo habría en invierno, y le encantaba mirar el fuego en la chimenea en verano, aunque pasase calor.


Para ser un tipo corriente hacía cosas bastante raras.

viernes, 8 de febrero de 2013

Felicidad

Tu sonrisa. Una falda nueva. Pasear sin importar el destino. Levantarme tarde. Que llueva si estoy en casa. Terminar un buen libro. Comenzar otro. Reír tanto que que ya no pueda emitir ningún sonido. Llorar por algo bueno. Hacer un regalo. Recibir un regalo. El timbre de la bici. Tu voz. Cocinar para otra persona. Ver de nuevo esa película. Superar malas épocas. La ropa con olor a suavizante. Recibir una carta (y que no sea del banco). Los refranes de mi abuela. Saltar y gritar con una buena canción. Hacerte una foto para no olvidar ese momento. Desayunar sin prisas. Continuar la lista juntos.

lunes, 4 de febrero de 2013

Un café con sal

Estaba tomando café. Era una mañana tranquila, exactamente igual a todas las anteriores desde hacía tres meses. De repente se echó a llorar. Era un lagrimeo continuo y silencioso. Al estar de cara a la pared nadie lo notó. Lloraba porque estaba enfadado con un recuerdo, no con ella. Por eso perdía siempre.  

Empezó a perder el día que dejó de importarle si ella sonreía o no. O quizás antes, cuando dejó de importarle si él era la causa. Perdió la ilusión de continuar, y de paso, la perdió a ella. Y ahora estaba en la cocina, mirando los azulejos entre las lágrimas que salaban su café. Le daba igual porque ya nada le despertaba.

Estuvo meses sin ella, convencido de que en cualquier momento volvería. ¿Volver a qué? ¿Qué le ofreció él que la hiciese volver? Estúpido egocéntrico. Se acostumbró a que ella simplemente estuviese allí. Derrochó el amor que, pensaba, jamás se iba a acabar. Ella permanecía a su lado y él lo aceptó como algo natural.

Y la perdió. Quiso reaccionar cuando ya era tarde. Ahora otro se preocupaba por sus sonrisas. Y sintió celos, y miedo, y rabia. Sintió que el mundo se acababa. Sintió que ya era tarde para todo.

Él no quería hacerse cargo de tener que preocuparse por ella, pero quería tenerla a su lado. Se detestaba por este sentimiento. Era egoísta y pretencioso. Y había perdido sus sonrisas. Sus dientes asomando entre sus labios, que siempre estaban dispuestos a besarle.

Se enjugó las lágrimas, se bebió el café salado, y bajó la cabeza. Otra vez ganaba su recuerdo.


miércoles, 30 de enero de 2013

Quedaron a las 5...

Llegó con retraso, como siempre. Ella ya estaba dentro, sentada, esperándole. No se enfadaba, sabía que era imposible que él fuese puntual, y lo aceptaba como algo normal.

-Soy feliz -le dijo muy seriamente, mientras se sentaba.
-Estás enamorado -contestó ella, sonriente.

¿Por qué? ¿Es que uno no puede ser feliz sin necesidad de estar enamorado? Nos creemos el cuento del príncipe y la princesa. Y si no nos lo creemos nos obligan a comerlo, a ritmo de "ésta por mamá, y ésta por papá".

Él creía haber nacido con el único objetivo de ser feliz, pero no contaba con necesitar a otra persona para serlo. No entendía como, siendo el ser humano tan complejo como es, sólo pudiese ser feliz queriendo a otra persona.

Defendía el amor a ultranza, sí. Pero odiaba la idea de que esa fuese su única meta en la vida. Él se sabía completo sin necesidad de un "alter ego", esa media naranja. Los cítricos tenían que ver con las vitaminas, e incluso con evitar los resfriados; y no se imaginaba nada más alejado del amor.

Además, hablaban de El Amor. Como si sólo existiese uno. No todas las relaciones producen felicidad. No todos son felices de la misma manera. Y definitivamente, no todos necesitaban estar enamorados para ser felices.

Observó cómo ella seguía sonriendo, desafiándole, conocedora de todos sus pensamientos.

-Sí, estoy enamorado -confesó en un suspiro.

Errores

La observó mientras lloraba. Odiaba sentirse inútil. Estaba a medio metro y no podía hacer nada por remediar su llanto. 

- Mira, la has fastidiado. Pero bien. No hay más que decir, porque eso ya lo sabes.

- Sí, lo sé, no necesito que me hundas más.

- No estoy aquí para hundirte. Estoy para decirte que la has fastidiado. Y también que todos lo hemos hecho alguna vez. Bienvenida al club de los idiotas. Ahora seca esas lágrimas; queda mucho camino que recorrer, y te equivocarás mil veces más. Nadie puede reprocharte un error, salvo cuando no aprendes nada de él.


lunes, 28 de enero de 2013

A veces ganan los buenos, y ella deja de sufrir

Mírala. Es feliz. Ríe a carcajadas más de una vez al día y duerme con una sonrisa en la cara, sobre todo si él está a su lado. Ya ha pasado lo peor. 

Tiene miedo, claro, miedo hasta de la oscuridad. Ella no es valiente. Es imprudente, alocada e incluso un poco insensata. Y esta vez no ha podido resistirse. Pero sucede que a veces ganan los buenos, y ella deja de sufrir. 

Él la cuida y la abraza por las noches, conocedor de sus tormentos. Ella se encoje, se deja llevar. Y entonces, por un momento, la oscuridad ya no le asusta, y se convierte en un aliado de sus manos, de su boca y de sus ojos.

Y piensa en esa frase que escuchó ayer, en esa película de Woody Allen. Cuando sientes que quieres no tienes miedo ni a la muerte. Es cierto, está más viva que nunca. Se siente prudente, cabal y, ante todo, valiente. 

Esa noche puede soñar lo que quiera. 


domingo, 27 de enero de 2013

viernes, 25 de enero de 2013

Margot


Margot habla, sueña, ríe. Sabe poco de la vida, pero se la bebe a bocanadas. Además no le importa. Es joven, se dice, y aún le queda tiempo para aprender. Ella sólo quiere felicidad. En estado puro o mezclado con tintes trágicos; enlatado en risas de cartón o lleno de lágrimas de alegría. Eso qué más da, uno puede ser feliz de muchas maneras.

Tonta enamoradiza, no espera encerrada en su habitación de palacio a su príncipe en corcel. Margot no cree en esos cuentos. Ella emprende viajes precedidos de despedidas. Una maleta de mano y un avión de papel para conocer rincones que escondan un tesoro, el que sea. Forastera en paladares ajenos.

Intenta soltarse cada segundo, sin reprimendas sobre lo hecho, y miles de reproches al miedo que la paraliza en ocasiones. Tiene pánico a fracasar, pero conoce miles de remedios para posibles heridas. Adora romper cerrojos y guardar su voz bajo llave.

Ella, siempre escondida bajo sábanas propias o ajenas, odia salir de la cama a horas normales. Utiliza esos momentos para borrar días del calendario, para no contar los años que han pasado. Intenta olvidar fácilmente para sufrir menos. Padece de amnesia, dice.

Margot echa de menos a gente que no conoce aún, eso la hace especial. Es capaz de tocar el cielo con la punta de los dedos con un pequeño salto. Supongo que le sucede porque es una gran mujer.

Dicen de ella que es bipolar, pero sólo tiene días buenos o malos, como todo el mundo. Hace planes para romperlos, para no cumplirlos, para hacer una agenda de cosas que no hará en los días marcados. Es porque la realidad siempre la sorprende con ideas mejores.

A veces prefiere besar y no hablar. Otras veces no calla. Se vuelve loca y la encanta. Huye de personas que se alimentan de sopa boba y de alcachofas sin corazón, eso lo aprendió de Amélie. A veces le pueden los celos, le queman la razón.

Margot se tapa los oídos cuando presiente una mala noticia. Si no la abrazan se aguanta. Lee libros para tener más vidas que vivir y sale de fiesta cuando su cuerpo se lo pide, aunque sea miércoles.

Huye de malvados, sobre todo si van rodeados de secuaces. Le gusta abrir los ojos y encontrar una sonrisa. Solo vive en el pasado cuando sigue sucediendo. A veces no se merece las cosas que le pasan, porque son demasiado buenas, o muy malas. Margot cree en el equilibrio.

Sopla velas con la ilusión de un niño. Pide deseos a las estrellas. Se considera una gran mujer, así que no da segundas oportunidades, sólo terceras o incluso cuartas. Le cuesta aprender de sus tropiezos. Si tiene que escoger, elige siempre la opción B. Riega rosas que nunca le enviaron y tiene sueños que sólo a veces se hacen realidad.

A Margot le da igual lo que la gente diga, ella nunca va a dejar de intentarlo.

Cosas que hacen que la vida merezca la pena

No dormir contigo, pero que mis sábanas huelan a ti.



Buenas noches.

miércoles, 23 de enero de 2013

No puedo con ello

No lo soporto

No lo aguanto

No lo consigo

No voy a lograrlo

No me da igual

No dejas de importarme

No te entiendo

No te quiero

No te olvido

No te soporto

No te perdono

miércoles, 9 de enero de 2013

martes, 8 de enero de 2013

Canciones



Nuevas canciones que dedicar. A ella. Ya no soy la causa de tus risas, ni aparezco en tus sueños. Eso último aún lo intentas.



 Se acabó. Dimos punto y final a una historia que trajo más pesares que alegrías. Nosotros, que tan pronto empezamos a querernos. O al menos a decirnos que lo hacíamos.



Miles de errores. O tal vez uno, que nos llevó a hacerlo todo mal. Ya no le doy vueltas a los porqués. Ahora sólo trato de ser feliz. 



Me quedo con lo bueno, que al ser poco, es fácil de recordar. Olvido lo malo gracias a la amnesia selectiva que padezco. Siempre supe que algo bueno tenía que tener.



Y sonrío, porque he amado ya. Nunca tanto como a ti, es cierto. Pero el tiempo pasa, y la gran presión que llegó a oprimirme hasta la razón ahora se ha quedado en un leve pinchazo. Y no es capaz de borrarme la sonrisa.



miércoles, 2 de enero de 2013

Porque todo tiene un porqué

Por las miles de veces que sentimos y no hablamos. Sé que te has sentido así, tal y como me siento ahora yo. 


Yo tengo miles de palabras que no valen una imagen. Que sólo te pueden acercar a imaginar cada sentimiento. Y escribo. Escribo por si mis palabras, que no llegan a valer, encuentran sentido en ti.



Escribo, porque me sirve para levantarme cada día, para sonreír cuando los demás te dicen que debes llorar. Escribo porque es lo único que puedo hacer.