miércoles, 30 de enero de 2013

Quedaron a las 5...

Llegó con retraso, como siempre. Ella ya estaba dentro, sentada, esperándole. No se enfadaba, sabía que era imposible que él fuese puntual, y lo aceptaba como algo normal.

-Soy feliz -le dijo muy seriamente, mientras se sentaba.
-Estás enamorado -contestó ella, sonriente.

¿Por qué? ¿Es que uno no puede ser feliz sin necesidad de estar enamorado? Nos creemos el cuento del príncipe y la princesa. Y si no nos lo creemos nos obligan a comerlo, a ritmo de "ésta por mamá, y ésta por papá".

Él creía haber nacido con el único objetivo de ser feliz, pero no contaba con necesitar a otra persona para serlo. No entendía como, siendo el ser humano tan complejo como es, sólo pudiese ser feliz queriendo a otra persona.

Defendía el amor a ultranza, sí. Pero odiaba la idea de que esa fuese su única meta en la vida. Él se sabía completo sin necesidad de un "alter ego", esa media naranja. Los cítricos tenían que ver con las vitaminas, e incluso con evitar los resfriados; y no se imaginaba nada más alejado del amor.

Además, hablaban de El Amor. Como si sólo existiese uno. No todas las relaciones producen felicidad. No todos son felices de la misma manera. Y definitivamente, no todos necesitaban estar enamorados para ser felices.

Observó cómo ella seguía sonriendo, desafiándole, conocedora de todos sus pensamientos.

-Sí, estoy enamorado -confesó en un suspiro.

Errores

La observó mientras lloraba. Odiaba sentirse inútil. Estaba a medio metro y no podía hacer nada por remediar su llanto. 

- Mira, la has fastidiado. Pero bien. No hay más que decir, porque eso ya lo sabes.

- Sí, lo sé, no necesito que me hundas más.

- No estoy aquí para hundirte. Estoy para decirte que la has fastidiado. Y también que todos lo hemos hecho alguna vez. Bienvenida al club de los idiotas. Ahora seca esas lágrimas; queda mucho camino que recorrer, y te equivocarás mil veces más. Nadie puede reprocharte un error, salvo cuando no aprendes nada de él.


lunes, 28 de enero de 2013

A veces ganan los buenos, y ella deja de sufrir

Mírala. Es feliz. Ríe a carcajadas más de una vez al día y duerme con una sonrisa en la cara, sobre todo si él está a su lado. Ya ha pasado lo peor. 

Tiene miedo, claro, miedo hasta de la oscuridad. Ella no es valiente. Es imprudente, alocada e incluso un poco insensata. Y esta vez no ha podido resistirse. Pero sucede que a veces ganan los buenos, y ella deja de sufrir. 

Él la cuida y la abraza por las noches, conocedor de sus tormentos. Ella se encoje, se deja llevar. Y entonces, por un momento, la oscuridad ya no le asusta, y se convierte en un aliado de sus manos, de su boca y de sus ojos.

Y piensa en esa frase que escuchó ayer, en esa película de Woody Allen. Cuando sientes que quieres no tienes miedo ni a la muerte. Es cierto, está más viva que nunca. Se siente prudente, cabal y, ante todo, valiente. 

Esa noche puede soñar lo que quiera. 


domingo, 27 de enero de 2013

viernes, 25 de enero de 2013

Margot


Margot habla, sueña, ríe. Sabe poco de la vida, pero se la bebe a bocanadas. Además no le importa. Es joven, se dice, y aún le queda tiempo para aprender. Ella sólo quiere felicidad. En estado puro o mezclado con tintes trágicos; enlatado en risas de cartón o lleno de lágrimas de alegría. Eso qué más da, uno puede ser feliz de muchas maneras.

Tonta enamoradiza, no espera encerrada en su habitación de palacio a su príncipe en corcel. Margot no cree en esos cuentos. Ella emprende viajes precedidos de despedidas. Una maleta de mano y un avión de papel para conocer rincones que escondan un tesoro, el que sea. Forastera en paladares ajenos.

Intenta soltarse cada segundo, sin reprimendas sobre lo hecho, y miles de reproches al miedo que la paraliza en ocasiones. Tiene pánico a fracasar, pero conoce miles de remedios para posibles heridas. Adora romper cerrojos y guardar su voz bajo llave.

Ella, siempre escondida bajo sábanas propias o ajenas, odia salir de la cama a horas normales. Utiliza esos momentos para borrar días del calendario, para no contar los años que han pasado. Intenta olvidar fácilmente para sufrir menos. Padece de amnesia, dice.

Margot echa de menos a gente que no conoce aún, eso la hace especial. Es capaz de tocar el cielo con la punta de los dedos con un pequeño salto. Supongo que le sucede porque es una gran mujer.

Dicen de ella que es bipolar, pero sólo tiene días buenos o malos, como todo el mundo. Hace planes para romperlos, para no cumplirlos, para hacer una agenda de cosas que no hará en los días marcados. Es porque la realidad siempre la sorprende con ideas mejores.

A veces prefiere besar y no hablar. Otras veces no calla. Se vuelve loca y la encanta. Huye de personas que se alimentan de sopa boba y de alcachofas sin corazón, eso lo aprendió de Amélie. A veces le pueden los celos, le queman la razón.

Margot se tapa los oídos cuando presiente una mala noticia. Si no la abrazan se aguanta. Lee libros para tener más vidas que vivir y sale de fiesta cuando su cuerpo se lo pide, aunque sea miércoles.

Huye de malvados, sobre todo si van rodeados de secuaces. Le gusta abrir los ojos y encontrar una sonrisa. Solo vive en el pasado cuando sigue sucediendo. A veces no se merece las cosas que le pasan, porque son demasiado buenas, o muy malas. Margot cree en el equilibrio.

Sopla velas con la ilusión de un niño. Pide deseos a las estrellas. Se considera una gran mujer, así que no da segundas oportunidades, sólo terceras o incluso cuartas. Le cuesta aprender de sus tropiezos. Si tiene que escoger, elige siempre la opción B. Riega rosas que nunca le enviaron y tiene sueños que sólo a veces se hacen realidad.

A Margot le da igual lo que la gente diga, ella nunca va a dejar de intentarlo.

Cosas que hacen que la vida merezca la pena

No dormir contigo, pero que mis sábanas huelan a ti.



Buenas noches.

miércoles, 23 de enero de 2013

No puedo con ello

No lo soporto

No lo aguanto

No lo consigo

No voy a lograrlo

No me da igual

No dejas de importarme

No te entiendo

No te quiero

No te olvido

No te soporto

No te perdono

miércoles, 9 de enero de 2013

martes, 8 de enero de 2013

Canciones



Nuevas canciones que dedicar. A ella. Ya no soy la causa de tus risas, ni aparezco en tus sueños. Eso último aún lo intentas.



 Se acabó. Dimos punto y final a una historia que trajo más pesares que alegrías. Nosotros, que tan pronto empezamos a querernos. O al menos a decirnos que lo hacíamos.



Miles de errores. O tal vez uno, que nos llevó a hacerlo todo mal. Ya no le doy vueltas a los porqués. Ahora sólo trato de ser feliz. 



Me quedo con lo bueno, que al ser poco, es fácil de recordar. Olvido lo malo gracias a la amnesia selectiva que padezco. Siempre supe que algo bueno tenía que tener.



Y sonrío, porque he amado ya. Nunca tanto como a ti, es cierto. Pero el tiempo pasa, y la gran presión que llegó a oprimirme hasta la razón ahora se ha quedado en un leve pinchazo. Y no es capaz de borrarme la sonrisa.



miércoles, 2 de enero de 2013

Porque todo tiene un porqué

Por las miles de veces que sentimos y no hablamos. Sé que te has sentido así, tal y como me siento ahora yo. 


Yo tengo miles de palabras que no valen una imagen. Que sólo te pueden acercar a imaginar cada sentimiento. Y escribo. Escribo por si mis palabras, que no llegan a valer, encuentran sentido en ti.



Escribo, porque me sirve para levantarme cada día, para sonreír cuando los demás te dicen que debes llorar. Escribo porque es lo único que puedo hacer.