martes, 19 de febrero de 2013

Te quiero inconscientemente

¿Habéis escuchado eso de que cuando encuentras al amor de tu vida el tiempo parece detenerse, y sólo existe esa persona?

Es cierto. El cerebro, incapaz de retener tanta información,  tiende a desechar la que no considera importante; que básicamente es todo lo que te rodea menos él o ella. Y sin darte cuenta, no es tu corazón el que ha elegido, o al menos no es el único; tu cerebro, de manera inconsciente, ha decidido.

Al final va a resultar que las tontas historias de princesas no van tan desencaminadas.

viernes, 15 de febrero de 2013

Lo siento

"Amar significa no tener que decir nunca lo siento".

Cuando lo escuché supe que le habían vendido una idea equivocada del amor. Maldita sociedad, maldita industria del cine, malditas novelas pseudo-románticas, malditos todos.

No. Amar significa aprender junto con otra persona. Y aprender implica, irremediablemente, equivocarse. Si para él amar significaba no tener que decir nunca lo siento, que se olvidase de mí. No podía soportar la idea de tener que ser perfecta para él (ni para nadie), y mucho menos de tener que ser tan maleducada como para no pedir disculpas por mis errores, por mucha confianza que hubiese entre los dos.

martes, 12 de febrero de 2013

Reproches.

Has sentido el dolor y la rabia, una bomba explosiva. Llevas días llorando y tienes la cabeza tan hinchada de pensar siempre en lo mismo que notas cómo circula tu sangre, bombeada desde el corazón, repartiendo el sufrimiento por cada centímetro de tu cuerpo. 

Maldita infección. Te ha cogido de lleno, no vas a salvarte. Sigue pensando, sigue meditando, sigue destrozándote la poca razón que te queda. Es lo único que te impide cometer locuras. Te cuesta respirar, lo sientes. Es un puñal clavado en el diafragma. Un puñetazo que te dejó noqueada. Una mordaza que no te permite hablar. No hay aire que puedas inhalar, porque viene cargado de reproches. Una pesadilla de la que no vas a despertar por más que te pellizques. 

Descansa. Cuando vives en una pesadilla, sólo puedes tener sueños mientras duermes.

Microcuento

Era un tipo corriente. Ni muy alto ni muy bajo, ni muy rubio ni muy moreno. Trabajaba en una heladería que sólo habría en invierno, y le encantaba mirar el fuego en la chimenea en verano, aunque pasase calor.


Para ser un tipo corriente hacía cosas bastante raras.

viernes, 8 de febrero de 2013

Felicidad

Tu sonrisa. Una falda nueva. Pasear sin importar el destino. Levantarme tarde. Que llueva si estoy en casa. Terminar un buen libro. Comenzar otro. Reír tanto que que ya no pueda emitir ningún sonido. Llorar por algo bueno. Hacer un regalo. Recibir un regalo. El timbre de la bici. Tu voz. Cocinar para otra persona. Ver de nuevo esa película. Superar malas épocas. La ropa con olor a suavizante. Recibir una carta (y que no sea del banco). Los refranes de mi abuela. Saltar y gritar con una buena canción. Hacerte una foto para no olvidar ese momento. Desayunar sin prisas. Continuar la lista juntos.

lunes, 4 de febrero de 2013

Un café con sal

Estaba tomando café. Era una mañana tranquila, exactamente igual a todas las anteriores desde hacía tres meses. De repente se echó a llorar. Era un lagrimeo continuo y silencioso. Al estar de cara a la pared nadie lo notó. Lloraba porque estaba enfadado con un recuerdo, no con ella. Por eso perdía siempre.  

Empezó a perder el día que dejó de importarle si ella sonreía o no. O quizás antes, cuando dejó de importarle si él era la causa. Perdió la ilusión de continuar, y de paso, la perdió a ella. Y ahora estaba en la cocina, mirando los azulejos entre las lágrimas que salaban su café. Le daba igual porque ya nada le despertaba.

Estuvo meses sin ella, convencido de que en cualquier momento volvería. ¿Volver a qué? ¿Qué le ofreció él que la hiciese volver? Estúpido egocéntrico. Se acostumbró a que ella simplemente estuviese allí. Derrochó el amor que, pensaba, jamás se iba a acabar. Ella permanecía a su lado y él lo aceptó como algo natural.

Y la perdió. Quiso reaccionar cuando ya era tarde. Ahora otro se preocupaba por sus sonrisas. Y sintió celos, y miedo, y rabia. Sintió que el mundo se acababa. Sintió que ya era tarde para todo.

Él no quería hacerse cargo de tener que preocuparse por ella, pero quería tenerla a su lado. Se detestaba por este sentimiento. Era egoísta y pretencioso. Y había perdido sus sonrisas. Sus dientes asomando entre sus labios, que siempre estaban dispuestos a besarle.

Se enjugó las lágrimas, se bebió el café salado, y bajó la cabeza. Otra vez ganaba su recuerdo.