Has sentido el dolor y la rabia, una bomba explosiva. Llevas días llorando y tienes la cabeza tan hinchada de pensar siempre en lo mismo que notas cómo circula tu sangre, bombeada desde el corazón, repartiendo el sufrimiento por cada centímetro de tu cuerpo.
Maldita infección. Te ha cogido de lleno, no vas a salvarte. Sigue pensando, sigue meditando, sigue destrozándote la poca razón que te queda. Es lo único que te impide cometer locuras. Te cuesta respirar, lo sientes. Es un puñal clavado en el diafragma. Un puñetazo que te dejó noqueada. Una mordaza que no te permite hablar. No hay aire que puedas inhalar, porque viene cargado de reproches. Una pesadilla de la que no vas a despertar por más que te pellizques.
Descansa. Cuando vives en una pesadilla, sólo puedes tener sueños mientras duermes.
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