Margot habla, sueña, ríe. Sabe
poco de la vida, pero se la bebe a bocanadas. Además no le importa. Es joven,
se dice, y aún le queda tiempo para aprender. Ella sólo quiere felicidad. En
estado puro o mezclado con tintes trágicos; enlatado en risas de cartón o lleno
de lágrimas de alegría. Eso qué más da, uno puede ser feliz de muchas maneras.
Tonta enamoradiza, no espera
encerrada en su habitación de palacio a su príncipe en corcel. Margot no cree
en esos cuentos. Ella emprende viajes precedidos de despedidas. Una maleta de
mano y un avión de papel para conocer rincones que escondan un tesoro, el que
sea. Forastera en paladares ajenos.
Intenta soltarse cada segundo,
sin reprimendas sobre lo hecho, y miles de reproches al miedo que la paraliza
en ocasiones. Tiene pánico a fracasar, pero conoce miles de remedios para
posibles heridas. Adora romper cerrojos y guardar su voz bajo llave.
Ella, siempre escondida bajo sábanas
propias o ajenas, odia salir de la cama a horas normales. Utiliza esos momentos
para borrar días del calendario, para no contar los años que han pasado.
Intenta olvidar fácilmente para sufrir menos. Padece de amnesia, dice.
Margot echa de menos a gente que
no conoce aún, eso la hace especial. Es capaz de tocar el cielo con la punta de
los dedos con un pequeño salto. Supongo que le sucede porque es una gran mujer.
Dicen de ella que es bipolar,
pero sólo tiene días buenos o malos, como todo el mundo. Hace planes para
romperlos, para no cumplirlos, para hacer una agenda de cosas que no hará en
los días marcados. Es porque la realidad siempre la sorprende con ideas
mejores.
A veces prefiere besar y no
hablar. Otras veces no calla. Se vuelve loca y la encanta. Huye de personas que
se alimentan de sopa boba y de alcachofas sin corazón, eso lo aprendió de
Amélie. A veces le pueden los celos, le queman la razón.
Margot se tapa los oídos cuando
presiente una mala noticia. Si no la abrazan se aguanta. Lee libros para tener
más vidas que vivir y sale de fiesta cuando su cuerpo se lo pide, aunque sea
miércoles.
Huye de malvados, sobre todo si
van rodeados de secuaces. Le gusta abrir los ojos y encontrar una sonrisa. Solo
vive en el pasado cuando sigue sucediendo. A veces no se merece las cosas que
le pasan, porque son demasiado buenas, o muy malas. Margot cree en el equilibrio.
Sopla velas con la ilusión de un
niño. Pide deseos a las estrellas. Se considera una gran mujer, así que no da
segundas oportunidades, sólo terceras o incluso cuartas. Le cuesta aprender de
sus tropiezos. Si tiene que escoger, elige siempre la opción B. Riega rosas que
nunca le enviaron y tiene sueños que sólo a veces se hacen realidad.
A Margot le da igual lo que la
gente diga, ella nunca va a dejar de intentarlo.
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