La observó mientras lloraba. Odiaba sentirse inútil. Estaba a medio metro y no podía hacer nada por remediar su llanto.
- Mira, la has fastidiado. Pero bien. No hay más que decir, porque eso ya lo sabes.
- Sí, lo sé, no necesito que me hundas más.
- No estoy aquí para hundirte. Estoy para decirte que la has fastidiado. Y también que todos lo hemos hecho alguna vez. Bienvenida al club de los idiotas. Ahora seca esas lágrimas; queda mucho camino que recorrer, y te equivocarás mil veces más. Nadie puede reprocharte un error, salvo cuando no aprendes nada de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario