Llegó con retraso, como siempre. Ella ya estaba dentro, sentada, esperándole. No se enfadaba, sabía que era imposible que él fuese puntual, y lo aceptaba como algo normal.
-Soy feliz -le dijo muy seriamente, mientras se sentaba.
-Estás enamorado -contestó ella, sonriente.
¿Por qué? ¿Es que uno no puede ser feliz sin necesidad de estar enamorado? Nos creemos el cuento del príncipe y la princesa. Y si no nos lo creemos nos obligan a comerlo, a ritmo de "ésta por mamá, y ésta por papá".
Él creía haber nacido con el
único objetivo de ser feliz, pero no contaba con necesitar a otra persona para
serlo. No entendía como, siendo el ser humano tan complejo como es, sólo
pudiese ser feliz queriendo a otra persona.
Defendía el amor a ultranza, sí.
Pero odiaba la idea de que esa fuese su única meta en la vida. Él se sabía completo
sin necesidad de un "alter ego", esa media naranja. Los cítricos
tenían que ver con las vitaminas, e incluso con evitar los resfriados; y no se imaginaba
nada más alejado del amor.
Además, hablaban de El Amor. Como
si sólo existiese uno. No todas las relaciones producen felicidad. No todos son
felices de la misma manera. Y definitivamente, no todos necesitaban estar
enamorados para ser felices.
Observó cómo ella seguía sonriendo,
desafiándole, conocedora de todos sus pensamientos.
-Sí, estoy enamorado -confesó en un suspiro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario